‘Dejar de amargarse para imperfectas’: la guía sobre cómo repeler a tu yo malvada

‘Dejar de amargarse para imperfectas’: la guía sobre cómo repeler a tu yo malvada

Aprender a convivir con los problemas es lo que Lucía Taboada, periodista y ‘tuitstar’, y Raquel Córcoles, creadora de Moderna de Pueblo, quieren enseñarnos. “No es que vayas a leerte el libro y no amargarte nunca más, pero te va a ayudar a enfrentarte a situaciones negativas”, dice Raquel Córcoles sobre Dejar de amargarse para imperfectas. […]

Aprender a convivir con los problemas es lo que Lucía Taboada, periodista y ‘tuitstar’, y Raquel Córcoles, creadora de Moderna de Pueblo, quieren enseñarnos. “No es que vayas a leerte el libro y no amargarte nunca más, pero te va a ayudar a enfrentarte a situaciones negativas”, dice Raquel Córcoles sobre Dejar de amargarse para imperfectas. Las preocupaciones acerca del amor, el físico, la salud, el trabajo y el futuro nos pueden llegar a agobiar hasta un desesperante, pero hay que intentar convivir con ellos de forma saludable. 

¿Dejar de amargarse para imperfectas es un libro sólo para mujeres?

Lucía Taboada: No, yo creo que está dirigido específicamente a mujeres, ya que estamos más reflejadas nosotras, pero se puede aplicar para cualquier persona.

Raquel Córcoles: Lo hemos hecho a partir de nuestra experiencia, por eso tiene un punto de vista más femenino. La protagonista ‘la imperfecta’ es mujer y eso no significa que muchos de los consejos que sean unisex.

¿Qué podría tener el libro que le interesase más a un público masculino? ¿Es una guía para que los hombres puedan conocer a las mujeres imperfectas o para que las puedan entender mejor?

L.T.: Puede serle útil: también ellos se pueden ver reflejados en muchas de esas imperfecciones que enfocamos hacia chicas. Ellos también están obsesionados con el físico, también tienen sus inquietudes laborales, sus dudas sobre el futuro... Nosotras le damos más vueltas y nos agobiamos mucho más, pero creo que si lo leen ellos, en algún punto también se sienten identificados.   

¿Podríamos definirlo quizás como la ‘guía para arreglar a la mujer catastrófica’?

L.T.: No exactamente, no catastrófica. La hemos llamado la ‘imperfecta’ porque todas no somos perfectas, por mucho que nos empeñemos en alcanzar una perfección que no existe.

R.C.: Más que catastrófica es una tía normal, que nunca consigue ser perfecta. El hecho es que no te consideres catastrófica porque lo que te pasa a ti nos pasa a todas.

L.T.: Lo que te pasa a las mujeres es normal: todas las dudas e incertidumbres que tenemos y todo lo que nos agobia, le agobia a muchas personas más, nadie es perfecto. Lo que hay que hacer es aprender a vivir con todas esas imperfecciones. O sea que catastrófico no, es más bien realista. O intentamos ser realistas. Yo por lo menos me siento identificada con el personaje. Días catastróficos los tenemos todas, pero el libro intenta ser mas realista. Es una imagen de una mujer de hoy en día.

¿Somos las imperfectas masoquistas en el sentido de que queremos ser perfectas? ¿Nos ponemos demasiada presión a nosotras mismas para ser perfectas?

L.T.: Somos muy autocríticas, por eso el personaje antagonista es el alter ego de la imperfecta, porque los que somos más críticos con nosotros mismos somos nosotros mismos. Somos muy masoquistas, por ejemplo cuando miras las fotos de cuando eras más joven, obviamente no tenías tantas arrugas…

R.C.: O te tragas una galería entera de los mejores posados de Miranda Kerr. Y dices, ¿qué estás haciendo? ¿Quién te ha mandado estar mirando esto? Sigues en Instagram a todas las celebrities que llevan vidas de lujo…

L.T.: O a la bloguera que esta todo el día viajando, todo el día estrenando ropa nueva, todo el día por ahí…

R.C.: Nunca sueles compararte con alguien de alrededor o con quien deberías compararte. Siempre intentamos buscar la ‘pluscuamperfecta’, comparándote con alguien que sabes que te hace sentirte inferior, pero aun así te sigues comparando con ella.

L.T.: Además, somos muy catastrofistas. Tenemos afán de recrearnos en todas las imperfecciones y en lo que hacemos mal. Pasa con el físico mucho, pero con el trabajo también. A lo mejor llevas todo el día haciendo cosas buenas y te sale algo mal: pues ya esta, ya sólo piensas en esa parte que has hecho mal. A lo mejor estás toda la semana dándole vueltas sobre por qué lo hiciste así, si va a traer consecuencias, que qué pensará nosequién… Y a lo mejor no valoras todo lo positivo que has hecho ese día, quedándote solo con lo malo.

¿Es Dejar de amargarse para imperferctas una gran reflexión personal de Lucía Taboada y Raquel Córcoles sobre su vida y cómo solucionan sus problemas?

R.C.: Yo creo que en este libro no es algo donde nosotras damos la opinión de las cosas, es una reflexión de lo que nos preocupa a nosotras, pero también de la gente que tenemos a nuestro alrededor y que vemos que son comunes a todo el mundo.

L.T.: Quizás no todo el mundo se siente identificado con lo que se dice en el libro, pero hemos intentado que sí represente los tipos de problemas que nos preocupan a todas.

R.C.: Decimos: “Mira, todo esto es lo que nos suele amargar a todo el mundo”.

Podríamos decir que el libro es como la amiga psicóloga a la que vas a pedir consejo.

R.C.: Bueno, hay uno de los personajes que es la psicóloga. Muchas no podemos permitirnos tener una psicóloga y por eso la hemos reencarnado en este personaje, que es la que durante todo el libro te va dando consejos relacionados con la psicología. Luego también está el entrenador, que te da consejos relacionados con el ejercicio, la meditación y demás…

¿En qué momento los libros de autoayuda comenzaron a ser de -o para- modernos?

R.C.: Lo que queríamos es que se traspasase ese estigma de “no puedo leer un libro de autoayuda porque yo no necesito esas cosas”…

L.T.: Sí, es como ir al psicólogo, que sigue estando mal visto.

R.C.: Nosotras también éramos un poco cínicas en ese aspecto y nos hemos dado cuenta, realizando el libro, de que realmente puede ser muy útil. Además, le hemos añadido un toque de humor para quitarle hierro al hecho de que sea un libro de autoayuda. No sé si un moderno lo va a tener como wishlist.

L.T.: También es muy moderno y actual buscar la felicidad a toda costa, cada vez hay más referencias. Hay hasta congresos de felicidad.

R.C.: Incluso hablamos de las redes sociales, de cómo ver las vidas perfectas de todos los que nos rodean nos hace sentir que la nuestra no lo es. Los modernos, más que el resto, están ahí a tope, subiendo lo idílico de su vida: lo bien vestidos que van, que saben de todo… Eso seguro que les genera una competitividad y unas inseguridades que, al final, son las que tenemos todos.

Muchas personas se ven reflejadas o empatizan con vuestras viñetas y tuits.

L.T.: Somos dos chicas de 28 y 27 años, las dos vivimos fuera de casa, las dos vivimos en un piso de alquiler pequeño y pagamos una pasta por el piso, al menos en mi caso. Las dos tenemos dudas sobre nuestro futuro, las dos también hemos tenido nuestras dudas sentimentales… Igual las dos encarnamos un poco a mucha gente.

R.C.: Yo lo que busco, más que dar consejos, es que empaticen y hablar de cosas que nos pasan a todos.

¿Es la empatía el secreto para tener tantos seguidores?

R.C.: Sí, yo creo que ahí está la cosa. A la gente le gusta tomarse la vida con humor, ¿no? Excepto algunas excepciones... Creo que aunque nuestro público no se lo esperara de ninguna de las partes, quizá le pique un poco la curiosidad, lo lea y saque provecho.

L.T.: Sí, yo creo que la gente se siente identificada y si pasa esto lo comparte más.

¿Cuál es el consejo definitivo para dejar amargarse?

R.C.: Querer cambiar un poco de actitud, a veces he oído de gente que tiene 30 años diciendo: “Yo ya no cambiaré, yo ya soy muy mayor para cambiar…”.

L.T.: Sí, eso es: “Si a esta edad ya no he cambiado ya no voy a cambiar”. Es más que nada tu voluntad, es como te enfrentes tú a los problemas que tienes. Problemas vas a seguir teniendo. Según vas madurando vas teniendo más problemas, pero cómo te enfrentas a ellos es lo que diferencia a unas personas de otras y eso es lo que intentamos enseñar.

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