Guitarras españolas por el mundo: la colección del MET de Nueva York

Guitarras españolas por el mundo: la colección del MET de Nueva York

El término ‘guitarra española’ se ha utilizado de manera diferente a lo largo de los siglos en diferentes países. Hoy en día se usa a menudo indistintamente con el término guitarra clásica, y no se limita a los instrumentos fabricados en España. Daniel Wheeldon, conservador del Departamento de Instrumentos Musicales del Metropolitan Museum de Nueva […]

El término 'guitarra española' se ha utilizado de manera diferente a lo largo de los siglos en diferentes países. Hoy en día se usa a menudo indistintamente con el término guitarra clásica, y no se limita a los instrumentos fabricados en España. Daniel Wheeldon, conservador del Departamento de Instrumentos Musicales del Metropolitan Museum de Nueva York (MET) apunta que la historia registrada de la guitarra comienza en el Renacimiento, datando las fuentes escritas más antiguas del siglo XIV. La guitarra surgió en Europa acompañando tradiciones musicales provenientes del mundo árabe, junto a instrumentos como el laúd y la viola.

De izquierda a derecha, obra de Josep Benedid y guitarra construida por José Massagué.

En la imagen, de izquierda a derecha, diseño de Josep Benedid (1787). De transición, aros y fondo de arce flameado, tapa de abeto con incrustaciones de nácar y caoba y guitarra elaborada por José Massagué (1755-50), con tapa de pino, aros y fondo de arce, palisandro, nuez de marfil, palo de rosa, masilla y decoración con incrustaciones de nácar.

El MET conserva una de las más deslumbrantes y valiosas colecciones de guitarras españolas del mundo. Tras unas prolijas y demoradas obras de restauración, el Museo abrió de nuevo sus puertas el pasado mes de mayo, y de nuevo es posible admirar esta colección de guitarras que recorre la morfología y la evolución de un instrumento a través del que puede escucharse el sonido de la historia.

Guitarra construida por Matteo Sellas. A su lado, diseño de Pedro Fuentes.

En la imagen, de izquierda a derecha, guitarra atribuida a Matteo Sellas (1630-50), alemán, muerto en Venecia. Hecha en abeto, hueso, pergamino, madera de serpiente, marfil. A su lado, una obra de Pedro Fuentes (1797), en la que la decoración presenta la imagen recurrente de una ardilla sosteniendo una bellota y el puente está rodeado por una elipse de banda ancha con un patrón de espina de pescado central de ébano y nácar.

En el siglo XVI, la guitarra en la mayor parte de Europa tenía cuatro hileras dobles. La música para guitarra editada en España durante ese periodo se encuentra entre obras para otros instrumentos, y así se incluye una sección dedicada a la guitarra en el libro 'Declaración de Instrumentos Musicales' (1555), de Juan Bermudo. La quinta hilera se introdujo a finales del siglo XVI, lo que fue reconocido como una invención española. La guitarra española del siglo XVIII aumentó de tamaño, con un cuerpo más ancho y profundo, aunque posteriormente esta forma del cuerpo cambiaría y los fabricantes de guitarras españoles volvieron a estar a la vanguardia de la innovación en el diseño. La función principal de la guitarra en España durante el siglo XVIII era facilitar la música de baile nacional.

De izquierda a derecha, del taller de Manuel Ramírez  y obra de Christian F. Martin.

En la imagen, de izquierda a derecha, perteneció a Andrés Segovia (1912). La trasera de dos piezas está hecha de palisandro brasileño, y las dos piezas de la tapa son de abeto. A su lado, diseño de Christian Frederick Martin (1867), alemán trasladado a EE. UU., la guitarra de Martin presenta muchos elementos españoles, incluido el perfil del cuerpo y el clavijero ranurado.

Desde principios del siglo XIX, las guitarras de seis hileras dobles, con pares de cuerdas al unísono, comenzaron a ceder terreno a las de seis cuerdas. Hubo una gran afición por la música de guitarra española a lo largo del siglo XIX, y una creciente demanda para su uso en salas de concierto con obras de Sor, Paganini o Berlioz. Antonio Torres, Pedro Fuentes, los legendarios hermanos Ramírez y el encargado de estos, Santos Hernández, así como el alemán Hermann Hauser, ya en la década de 1920, son nombres insignes en una actividad que mantiene en su legado una leyenda que une artesanía, historia y arte, y que encuentra una excelsa continuidad en nuestros días.

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