Los nombres de 2021. Música: Nathy Peluso

Los nombres de 2021. Música: Nathy Peluso

Esa leyenda sobre la que tantas veces intentan las crónicas construir a un personaje habla de una chica emigrada, con ciertos complejos y de difícil encaje entre las suyas. Y que ahora, como si de una venganza fraguada a fuego lento se tratara, no solo triunfa en el mundo de la música, sino que a […]

Esa leyenda sobre la que tantas veces intentan las crónicas construir a un personaje habla de una chica emigrada, con ciertos complejos y de difícil encaje entre las suyas. Y que ahora, como si de una venganza fraguada a fuego lento se tratara, no solo triunfa en el mundo de la música, sino que a base de empoderamiento y autorreafirmación, se convierte en un referente de tanta mujer necesitada de libertad. Probablemente, no sea tan así. Es decir, sí, todo es verdad: Natalia Peluso, nacida en Luján, provincia de Buenos Aires, en 1995, vino con su familia a España con solo nueve años y sí, como ella misma reconoce, ha vivido momentos de debilidad derivados, en gran parte, de sentirse diferente a su entorno. Pero su éxito no puede explicarse como un mero resorte defensivo: el talento no se alimenta de eso, y a Nathy Peluso le sobra.

Rap, trap, salsa, hip hop, soul, neosoul, jazz, cumbia, todo eso está en la música de Nathy Peluso y, lo que es más importante, una fusión única y personal de todo eso. Con profundo conocimiento, además, de lo que cada uno de esos estilos entraña. Así, y este es otro de esos méritos intangibles pero impagables, que esta chica de 26 años, que creció escuchando a Ella Fitzgerald y Ray Charles, a Ray Barretto y Caetano Veloso, está llevando a los oídos de los más jóvenes –esos que desde ciertas generaciones creemos absorbidos por el homogéneo reggaeton– algunos de los sonidos más importantes de la historia de la música.

Efectivamente, Nathy Peluso sabe lo que canta. Pero también lo que baila. Tras iniciar estudios en comunicación audiovisual que no terminó, descubrió el teatro físico, una disciplina que le permite ahora unir su cuerpo a su necesidad de expresión que, por cierto, no se queda ahí, en un micrófono y una coreografía: “Quiero hacer cosas que quizás no sean tan bellas para el ojo pero que provoquen emociones interesantes en la gente –explica–. Si oyes una canción o ves un vídeo mío, quizá parezcan algo banales, pero en el fondo de mi propuesta hay unos sedimentos superprofundos sobre lo que yo quiero aprender del público y de la construcción del personajes”. Corashe, uno de sus primeros hits, o los discos La Sandunguera y Calambre son una estupenda forma de acercarse a ese personaje.

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