Juan Mora Romero, el valor de un apretón de manos
La vuelta a las esencias, tanto en el trato con el cliente como en la fisonomía de las viviendas, inspira a esta promotora que exhibe, como valor añadido que evita imprevistos, contar con su propia constructora.

JUAN LUIS GALLEGO
FOTOGRAFÍA: JOSÉ A. PUERTAS
El dato podría funcionar como sello de garantía: en sus casi 60 años de actividad, Grupo Jamsa ha entregado más de 5.500 viviendas de unas 80 promociones. Y tiene otras 28 en marcha en estos momentos. De muy diversa tipología: en el centro de Valladolid, por ejemplo, en la plaza de Portugalete; o en la milla de oro de Marbella, con precios que oscilan entre los 200.000 o 300.000 euros y los cuatro o cinco millones. El secreto, a grandes rasgos: una ubicación privilegiada, un análisis certero de la demanda y el mercado y una cuidada atención al cliente. Y otro elemento absolutamente diferenciador: Grupo Jamsa es, además de promotor, constructor, lo que garantiza un seguimiento del proyecto 360º o, en términos más de andar por casa, que cumple, porque no depende de otros.

Juan Mora es el CEO del Grupo Jamsa, segunda generación al mando de un negocio que abrió su padre en una época muy distinta, cuando el país crecía y construía sin fi n para satisfacer la imparable demanda de vivienda. Las cosas, obviamente, han cambiado –más profesionalización, mejor tecnología, análisis más certeros–; también la empresa –si entonces eran seis personas, ahora se acercan a los 70, con sede en Madrid y delegaciones en Santander, Valladolid, Córdoba, Huelva y Marbella–, pero las pautas de comportamiento que compartió el fundador continúan vigentes: “Ser una persona honrada; la mano que se da siempre va a misa, la despensa siempre llena y guardar para cuando no haya”, resume Juan Mora a modo de guía.
¿En qué se traduce eso? Por ejemplo, en un grado de atención al cliente que acaba forjando una relación de confi anza tal que prácticamente anula la postventa –esa embarazosa revisión fi nal en la que se acumulan las quejas por defectos e incumplimientos– o que hace depositario al personal de la empresa de esa segunda lleva que siempre conviene guardar en buenas manos. Obviamente, nadie compra una vivienda porque está Jamsa detrás, pero, cuando se sabe, la decisión se afi anza. Y en eso tiene mucho que ver esa doble condición de promotora-constructora, con arquitectos, decoradores y operarios in-house, que minimiza riesgos, evita desviaciones de tiempo y presupuesto y que, en palabras de Mora, supone un auténtico “fi lón” diferenciador para la firma.

Hay una querencia por las “esencias” en el discurso de Juan Mora que tiene su refl ejo, también, en el tipo de viviendas que construye Grupo Jamsa: más allá de las líneas rectas y estructuras cuadriculadas que dicta la moda, sigue apostando en su villas por la teja árabe y el ladrillo como refl ejos de la “esencia pura del pueblo mediterráneo”. Y con sufi ciente personalidad para redefi nir el lujo: en su porfolio exhiben villas residenciales ajardinadas al alcance de muy pocos bolsillos –la urbanización Lomas del Rey, en Marbella, por ejemplo–. “Pero también hacemos viviendas de 400.000 o 500.000 euros que, para mí, son un lujo: por la ubicación, por los amenities que tienen, por el cariño con el que hemos hecho las cosas, por los materiales utilizados… y, por el trato al cliente”, insiste Mora, quien no disimula un cierto orgullo por el trabajo bien hecho: “Al fi nal, el suelo se acaba y las localizaciones son las que son. Así que, hacer una promoción en una determinada zona, también tiene algo de ‘esto va a quedar aquí para la posteridad y lo hemos hecho nosotros”.