Marc Márquez: los rituales de un campeón
Si ignoramos los títulos y las victorias, Marc Márquez también se construye a partir de pequeños rituales: el 93 que lleva desde sus inicios, el rojo como amuleto los domingos de carrera, su admiración por Valentino Rossi y esa pizza que espera después de cada Gran Premio. Gestos cotidianos que acompañan la vida de una de las grandes estrellas de MotoGP.

En el deporte de élite, los grandes nombres suelen construirse con cifras, victorias y récords. Pero detrás de cada campeón también existe un universo de pequeñas costumbres, supersticiones y gestos que difícilmente aparecen en una tabla de resultados. En Marc Márquez, el número 93, una pizza después de un Gran Premio o unos calcetines rojos forman parte de esa intimidad que acompaña al piloto español dentro y fuera de la pista.

El 93 no es un número elegido al azar: corresponde al año en que nació, 1993, y se ha convertido en una de las señas más reconocibles de su carrera. Desde sus primeros pasos en 125cc hasta su llegada a MotoGP, Márquez construyó una trayectoria marcada por la precocidad. En 2010 conquistó su primer título mundial y, tres años después, se proclamó campeón de MotoGP en su temporada de debut en la categoría reina, con apenas 20 años.

También están las supersticiones, esas pequeñas reglas que parecen irracionales hasta que se convierten en parte del ritual. Márquez mantiene la costumbre de vestir ropa interior roja los domingos de carrera como amuleto, un gesto privado que contrasta con la intensidad con la que se enfrenta a cada vuelta. Después de un Gran Premio, en cambio, el protocolo es mucho más sencillo: una pizza como recompensa después de la velocidad, la tensión y las horas de competición.

Su historia deportiva, sin embargo, está hecha de mucho más que rituales. Tras dominar MotoGP con seis títulos entre 2013 y 2019, una grave lesión en 2020 abrió el periodo más difícil de su trayectoria. Cinco cirugías y 30 carreras perdidas después, Márquez cambió de equipo y de fabricante hasta encontrar en Ducati el camino de regreso. En 2024, con Gresini, volvió a ganar tras 1.043 días de espera; en 2025, ya con el equipo oficial Ducati, conquistó su séptima corona de MotoGP, 2.184 días después de la anterior.

Quizá por eso resulta interesante mirar al campeón también desde esos detalles aparentemente menores. Su primer ídolo fue Valentino Rossi; el 93 guarda el año de su nacimiento y el rojo acompaña sus domingos de carrera. Son pequeñas coordenadas alrededor de una figura que convirtió la velocidad en una forma de identidad y que, después de tocar el límite en numerosas ocasiones, volvió a ocupar el lugar más alto del podio. Porque una estrella del deporte también se reconoce en aquello que hace cuando nadie está contando las vueltas.