Cartier, otra forma de seducción
El Tortue de Cartier es una de esas creaciones atemporales que definen el espíritu y la imaginación de la que siempre ha hecho gala la maison.

Ricardo Balbontín
Desde su creación en 1912, el reloj Tortue ocupa un lugar singular dentro del repertorio relojero de Cartier. Nacido de una fusión entre curvas ligeras y líneas tensas, este modelo es uno de los mejores resúmenes de una de las grandes señas de identidad de la maison: convertir la forma en lenguaje. Su caja, inspirada en la silueta de una tortuga, se alejó desde el principio de la relojería convencional y se consolidó como uno de los relojes de forma más emblemáticos de Cartier.
A lo largo de más de un siglo, el Tortue ha sido reinterpretado en numerosas ocasiones sin perder su esencia. En 2024, volvió a situarse en primer plano dentro de Cartier Privé, la colección dedicada a recuperar los grandes iconos históricos de la maison. Ahora, el modelo inicia una nueva etapa con una colección completamente rediseñada por el Estudio de Creación, que introduce volúmenes más generosos, proporciones inéditas y líneas más redondeadas, suaves y sensoriales.




Pie de foto: Distintos momentos del proceso de elaboración del esmaltado de esta creación que se presenta en dos versiones: una en oro blanco, con ojos de esmeralda, nariz de ónix, corona de esmeralda engastada con pabellón invertido y correa de piel de aligátor gris azulado semimate; y otra en oro amarillo, con ojos de tsavorita, nariz de ónix, corona de tsavorita engastada con pabellón invertido y correa de piel de aligátor verde oscuro.
La nueva familia se presenta en cinco versiones, realizadas en oro amarillo pulido, oro rosa u oro blanco, algunas de ellas engastadas con diamantes. Disponibles en tamaños pequeño y mini, estas piezas combinan la delicadeza de un reloj de vestir con el refinamiento joyero propio de Cartier.
Los números romanos se mantienen como código histórico, mientras que el clásico guilloché da paso, en algunas versiones, a un motivo con relieve. La minutería de ferrocarril se transforma en una línea de puntos, en homenaje a un reloj histórico de 1922, y la firma secreta de Cartier se esconde en una barra del número X.
El modelo de oro amarillo, con esfera color champán y correa de piel de aligátor negra brillante, representa la expresión más pura de la colección. Frente a esta sobriedad, las versiones de oro rosa y oro blanco apuestan por una lectura más joyera, con biseles y hebillas engastados con diamantes talla brillante mediante un engaste descendente que maximiza el brillo de las piedras. Todas estas referencias incorporan movimiento de cuarzo de alta autonomía y son herméticas hasta 30 metros.
La colección alcanza una dimensión más sofisticada con una versión de platino pensada para las grandes ocasiones. Su bisel está engastado con 46 diamantes talla baguette, una talla emblemática de Cartier desde principios del siglo XX, mientras que la hebilla doble desplegable de oro blanco incorpora otros 32 diamantes baguette. En total, la pieza reúne aproximadamente 3,41 quilates. En su interior late el movimiento mecánico de cuerda manual manufactura 430 MC, uno de los calibres más finos utilizados por Cartier.

El universo Tortue se expande también hacia los Métiers d’Art con el Tortue Panthère, una creación que reúne dos mitos de la maison: el reloj con forma y el felino más célebre de Cartier. La pantera aparece tras una cortina de lluvia en una escena realizada mediante esmalte champlevé, que se extiende desde la esfera hasta la carrura.
Cada pieza requiere más de 15 tonos, más de 36 cocciones, 80 horas de esmaltado para la esfera y 50 para la caja. Se presenta en dos versiones limitadas y numeradas de 100 piezas cada una: una en oro blanco, con ojos de esmeralda, y otra en oro amarillo, con ojos de tsavorita.
Como bien expresa Karim Drici, vicepresidente sénior y director de operaciones de Cartier, “el reloj Tortue Panthère Métiers d’Art refleja la autenticidad de la maison: combinar relojería y joyería para explorar nuevos territorios”.
El resultado es que entre la pureza de sus versiones más minimalistas, la opulencia de los diamantes baguette y la riqueza artesanal del Tortue Panthère Métiers d’Art, Cartier demuestra que esta creación sigue viva y conserva, más de un siglo después de su nacimiento, su capacidad de seducción.