Patek Philippe en Milán: el arte de entender el tiempo
Del 2 al 18 de octubre, Patek Philippe traslada a Milán una parte de su universo. La Watch Art Grand Exhibition reúne historia, complicaciones, artesanía y algunas de las creaciones más especiales de la manufactura ginebrina. Pero, por encima de los relojes, la exposición responde a una idea que Thierry Stern defiende con especial convicción: el verdadero lujo comienza cuando somos capaces de comprender todo lo que existe detrás de un objeto excepcional.

Entre el 2 y el 18 de octubre, el histórico CityOval de CityLife, antiguo Palazzo delleScintille, se convierte en escenario de una nueva edición de Watch Art Grand Exhibition, la gran exposición con la que la manufactura ginebrina abre las puertas de un mundo que normalmente permanece reservado a sus talleres.
Hay relojes extraordinarios, desde nuevas Complicaciones hasta ediciones realizadas específicamente para Italia; una nueva interpretación femenina del Gondolo, piezas procedentes del museo y 25 creaciones de Alta Artesanía inspiradas en la cultura italiana. Sin embargo, interpretar Watch Art únicamente como una extraordinaria concentración de relojería sería quedarse en la superficie.
Thierry Stern, presidente de Patek Philippe, lo resume de una manera mucho más sencilla: “No estamos aquí para vender. Estamos aquí para educar a la gente sobre la alta relojería”.
En una industria donde la exclusividad suele construirse alrededor de aquello a lo que pocos pueden acceder, Patek Philippe propone aquí precisamente lo contrario. La exposición está abierta al público y su entrada es gratuita, previa inscripción. Se puede contemplar cómo trabaja un relojero, descubrir los movimientos, acercarse a la historia de la manufactura o asistir en directo al trabajo de grabadores, esmaltadores y especialistas en algunos de los métiers d’art que siguen definiendo la identidad de la casa. La intención es que el visitante no salga simplemente recordando un reloj.
“Me gustaría que la gente saliera diciendo: ‘No sabía que fuera tan difícil crear un reloj ni que pudiera ser tan bello’”, explica Stern. “No es simplemente un objeto que da la hora. Es una pieza de arte”.
El lujo de mirar de cerca
La reflexión resulta pertinente en un momento en el que buena parte de nuestra relación con el lujo se ha desplazado hacia las pantallas. Vemos relojes a través de fotografías de extraordinaria resolución, vídeos, redes sociales y recreaciones digitales cada vez más sofisticadas. La imagen puede aproximarnos al objeto, magnificándolo incluso hasta dimensiones imposibles para el ojo humano. Pero también puede alejarnos de algo esencial: su materialidad. Stern reivindica precisamente esa experiencia física. “Aquí no hay inteligencia artificial. No podemos hacer trampas”.
La frase define perfectamente el espíritu de Watch Art. Aquí las superficies existen, las herramientas existen y las personas que realizan el trabajo están delante del visitante. Se puede observar cómo se deposita el esmalte, cómo se talla un motivo, cómo se ensambla un mecanismo o cómo la mano del artesano transforma lentamente una superficie hasta convertirla en algo irrepetible. “Mira el producto real, no solamente una película o una fotografía. Photoshop es muy poderoso”, recuerda Stern.
Saber por qué una pieza necesita determinadas horas de trabajo. Comprender por qué una superficie realizada a mano nunca es idéntica a otra. Descubrir que detrás de una indicación aparentemente sencilla existe una construcción mecánica formada por cientos de componentes… Watch Art convierte todo eso en experiencia.
Milán y una determinada forma de entender la belleza
Que esta edición se celebre en Italia tampoco es accidental. Para Thierry Stern, el italiano es uno de los públicos con mayor cultura relojera. Existe una tradición de coleccionismo que se ha transmitido dentro de determinadas familias durante varias generaciones, pero también una sensibilidad especialmente desarrollada hacia las proporciones, el diseño, los materiales y el color. “Siempre se ha dicho que si funciona en Italia, funcionará en cualquier parte del mundo”, comenta.
No resulta difícil comprender esa conexión. Italia ha convertido históricamente el diseño en una forma de cultura. Desde la arquitectura hasta la moda, el automóvil, el mobiliario o la gastronomía, pocas sociedades han sabido integrar con tanta naturalidad funcionalidad y belleza. Patek Philippe dialoga con esa sensibilidad a lo largo de toda la exposición.
Lo hace a través de los relojes creados especialmente para el acontecimiento, pero también mediante una colección de Alta Artesanía que convierte Italia en materia relojera: sus ciudades, paisajes, oficios, obras de arte e incluso alguno de sus iconos populares pasan a ocupar esferas y cajas. Antes de llegar a ellas, sin embargo, Milán presenta una de las novedades más significativas del año para la manufactura.
Gondolo Ladies First: la elegancia desde otra perspectiva
Patek Philippe posee una relación con el reloj femenino mucho más importante de lo que a veces recuerda la historia reciente de la relojería. La nueva colección GondoloLadies First recupera precisamente esa tradición con seis referencias construidas alrededor de una caja de 31 x 34,8 mm cuyo diseño remite al lenguaje geométrico del Art Déco.
Su silueta parte del cuadrado, aunque los contornos redondeados y las asas articuladas reducen deliberadamente su rigidez. El resultado tiene un punto arquitectónico, pero también una evidente ligereza visual. La colección se divide en dos interpretaciones.Las primeras versiones combinan oro blanco, oro rosa o ambos metales con esferas opalinas presididas por motivos de ondas concéntricas. Un realce con 108 diamantes amplifica el juego de luz, mientras tonos azul grisáceo, castaño y plateado transforman la personalidad de una misma arquitectura.
Las otras tres referencias se adentran decididamente en el territorio de la alta joyería. Caja, esfera y asas aparecen cubiertas por diamantes, mientras el color se introduce mediante topacios azules, tsavoritas verdes o amatistas violetas. Cada versión suma 687 diamantes talla brillante. Patek Philippe ha optado en estos modelos por el calibre de cuarzo E15, una decisión que favorece un perfil muy delgado y responde también a la facilidad de uso que Stern considera importante en este tipo de pieza.
Esperar hasta medianoche

Una de las piezas más relevantes es la referencia 5978P-010, que combina un cronógrafo manual con un calendario perpetuo instantáneo. Patek Philippe está estrechamente vinculada a esa combinación desde que la histórica referencia 1518 reunió en 1941 cronógrafo y calendario perpetuo en un reloj de pulsera producido en serie. El modelo presentado en Milán desarrolla esa herencia desde una perspectiva diferente. En su interior se encuentra el nuevo calibre CH 29-535 PS QI, formado por 500 componentes.
Pero el dato realmente revelador aparece a medianoche. Día, fecha, mes y ciclo de los años bisiestos cambian simultáneamente en aproximadamente 30 milisegundos. Durante horas, el mecanismo acumula la energía necesaria para liberarla en una fracción de segundo y desplazar todas las indicaciones al mismo tiempo.
Es una demostración técnica que, paradójicamente, desemboca en algo profundamente emocional. Thierry Stern habla de quedarse despierto hasta medianoche para escucharlo. “Estás sentado, lo oyes y piensas: ‘Ah, sí, son las doce’. Y es realmente medianoche. Ahí ves la precisión del movimiento. Es increíble”.
La caja de platino de 42 mm se combina con una esfera azul marino soleil, centro texturizado y degradado negro. Las indicaciones aparecen en italiano y varios detalles rojos asociados al cronógrafo introducen una inesperada deportividad, reforzada por una correa azul marino de material compuesto. La producción está limitada a 120 ejemplares.
Pero más allá de la complejidad mecánica, el reloj sirve también para explicar una de las preguntas esenciales que afectan a cualquier casa con una historia como la de Patek Philippe: ¿cómo evolucionar sin dejar de reconocerse? La respuesta de Stern no consiste en congelar el pasado. “Tenemos que evolucionar y seguir el gusto de las generaciones más jóvenes sin olvidar a las anteriores”. Recuerda además que aquello que hoy consideramos clásico fue alguna vez radical. El lanzamiento del Nautilus bajo la presidencia de su padre supuso en su momento una decisión extraordinariamente audaz.
Siete relojes y un diálogo con Italia
La referencia 5978P forma parte de un conjunto de siete ediciones limitadas destinadas al mercado italiano. Algunas establecen la relación con el país anfitrión de forma evidente; otras lo hacen mediante pequeños detalles. Y alguna, sencillamente, responde al deseo de construir una combinación especialmente atractiva.

Entre las más sorprendentes aparece la 7047G-010, una repetición de minutos de oro blanco producida en únicamente cinco unidades. Su esfera lacada en rojo y decorada con un motivo de aspecto carbono plantea una imagen insólitamente deportiva para una de las complicaciones más tradicionales de Patek Philippe. En su interior trabaja el calibre automático R 27 PS, de apenas 5,05 mm de grosor.

Los colores blanco y verde aparecen también, de manera deliberadamente discreta, en otras referencias. Así, el calendario perpetuo 7147G-010, de 38 mm y limitado a 100 ejemplares, recurre al verde. El Calatrava 7007G-010, con fecha y segundero central y una producción de 200 unidades, utiliza el blanco. Junto con el rojo de la repetición de minutos, ambos colores construyen una referencia indirecta a la bandera italiana.

El Aquanaut 5167A-014, limitado a 250 unidades, sigue otro camino. Caja de acero, esfera azul soleil degradada hacia negro, minutería roja y correa integrada azul noche componen una de las combinaciones más contemporáneas del conjunto. Stern reconoce que, en este caso, no existe ningún código italiano oculto. “Queríamos hacer un reloj bonito, encontrar la combinación perfecta”. La explicación termina siendo tan reveladora como divertida. De los 250 relojes previstos, solo 249 estarán realmente disponibles. Thierry Stern ha decidido quedarse uno.
Milán, de día y de noche

Dos de las creaciones más exclusivas de la exposición llevan ese homenaje a Italia hasta la propia esfera. Las referencias 5531G-012 y 5531G-013 combinan Hora Universal y repetición de minutos y están limitadas a cinco piezas cada una. Sus esferas realizadas mediante esmalte Grand Feu cloisonné reproducen una vista del centro de Milán. Una lo hace durante el día; la otra, de noche. No se trata únicamente de ejercicios decorativos. La referencia 5531 posee una particularidad técnica especialmente interesante: cuando activa su repetición de minutos, el reloj hace sonar la hora local correspondiente al huso horario seleccionado a las doce, en lugar de reproducir la hora de origen.

El nombre de Milano, destacado en rojo en el disco de ciudades, termina de vincular la complicación con el lugar para el que ha sido concebida. Es difícil encontrar una mejor expresión de lo que Patek Philippe intenta mostrar en Watch Art: técnica y estética no funcionan como universos separados. Una complicación puede ser extraordinariamente sofisticada y, al mismo tiempo, convertirse en soporte de una imagen, una ciudad o un recuerdo.
Italia convertida en reloj

Ese diálogo alcanza su expresión más libre en las 25 creaciones de Alta Artesanía concebidas específicamente para esta exposición. Seis relojes de sobremesa Dôme, otro reloj de mesa, cuatro relojes de bolsillo y catorce relojes de pulsera forman una pequeña cartografía artística de Italia. Grabado a mano, guilloché, engaste, esmalte Grand Feu cloisonné, pintura en miniatura sobre esmalte, paillonné, flinqué, grisaille y marquetería de madera aparecen individualmente o combinados.
Las obras se desarrollan alrededor de cuatro grandes territorios: las regiones y ciudades italianas, la artesanía tradicional, la pintura y los oficios artísticos. Y es precisamente aquí donde Patek Philippe muestra una faceta inesperadamente lúdica. Cuatro Calatrava convierten al Fiat 500 en protagonista de un viaje por distintos paisajes italianos. El pequeño automóvil, convertido hace décadas en uno de los símbolos más universales de la dolce vita, atraviesa escenarios como la Costa Amalfitana o Puglia mediante complejas escenas realizadas en esmalte cloisonné y pintura en miniatura.

La colección continúa su recorrido por Sicilia, con un reloj Dôme en el que los naranjos aparecen en primer plano y Palermo se adivina al fondo; por Rávena y sus mosaicos; por Florencia y la tradición de la piedra dura; o por Burano y sus encajes. Cada lugar se transforma mediante una técnica diferente.

Una de las piezas culminantes es el reloj de bolsillo 995/151G-001 “Dante”, ejemplar único de oro blanco inspirado en el retrato de Dante Alighieri realizado por Sandro Botticelli hacia 1495. Esmalte cloisonné, pintura en miniatura, polvo de oro y grabado se combinan para construir la figura del poeta sobre un fondo azul estrellado, acompañado por referencias a los dibujos realizados por Botticelli para la Divina Comedia.

Contemplando trabajos así resulta fácil entender otra de las reflexiones de Stern: “La idea es un placer. Lo difícil es fabricarla”. Y quizá en esa frase se encuentre concentrada buena parte del significado de la alta artesanía.

Las formas pueden variar. También los colores, las dimensiones y los materiales. Patek Philippe posee hoy familias tan diferentes como Calatrava, Gondolo, Golden Ellipse, Nautilus, Aquanaut o Cubitus. No existe, por tanto, una única estética de la manufactura. Cuando se pregunta a Thierry Stern qué debería permanecer intacto mientras Patek Philippe continúa evolucionando, su respuesta no comienza hablando de diseño; lo hace hablando de calidad. “Lo primero es la calidad del producto. Eso no debe cambiar nunca”. La afirmación explica también la creación del Sello Patek Philippe. Para Stern, la exigencia no termina en el movimiento. Afecta a la caja, la esfera, las agujas, el brazalete y también al servicio que recibirá el reloj con el paso de los años. “Siempre tenemos que ser mejores, pero nunca bajar”.