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Andalucía sin filtro

Finca La Bobadilla, a 15 minutos del AVE de Antequera, reúne campo, cultura y gastronomía en una finca de 350 hectáreas que se vive como un pequeño pueblo blanco. Un lugar para ir con pareja, amigos y, sobre todo, en familia.

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foto: cortesía de la marca

Entre la campiña andaluza y las primeras estribaciones de la Sierra de Loja, una aldea blanca de cal encalada, patios interiores y fuentes de agua brota de la nada como si hubiera crecido sola. No es un pueblo real, pero se vive como tal: con ritmo propio, con plazas donde detenerse, con caminos que serpentean entre olivos y aromáticas sin ningún destino urgente. A 15 minutos del AVE de Antequera, 40 de Málaga y una hora de Granada, este refugio de 350 hectáreas se ha convertido en la puerta de entrada más auténtica al sur de España, sin perder por ello la sensación de estar lejos de todo.

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foto: cortesía de la marca

La historia arranca en los años ochenta, cuando dos amigos, un médico suizo y un abogado alemán, soñaron un restaurante de lujo en mitad de la campiña. El arquitecto granadino Jesús del Valle interpretó ese sueño con un lenguaje de cortijo y palacio andaluz: plazas interiores, agua como hilo conductor, arcos, barro cocido y hierro forjado. Hoy, la interiorista Pilar García-Nieto y el equipo de Único Hotels han redibujado el conjunto sin perder su pulso original: placer, paisaje, vivir despacio. El paisajismo de Rocío Sainz de Rozas completa la escena con especies autóctonas y floraciones escalonadas que mantienen la finca viva todo el año.

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foto: cortesía de la marca

Con más de mil metros cuadrados de piscinas exteriores, un centro ecuestre propio, rutas en bici y senderos que cambian a cada curva, la finca se convierte en un terreno de juego sin fin. Los niños tienen su propio universo con granja, pony, gallinas y un Kids Club supervisado. Los adultos, mientras tanto, pueden perderse en el Flow Spa, 534 metros cuadrados de agua, saunas, tratamientos Natura Bissé y Massada, o en el gimnasio al aire libre con yoga incluido. Hay pádel, tenis y pickleball, y para quienes quieran salir, el equipo organiza escapadas a la Costa del Sol, rutas por pueblos blancos o visitas al cercano Caviar Riofrío.

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foto: cortesía de la marca

La gastronomía no es un servicio, sino parte del carácter del lugar. Bajo la dirección de Óscar Velasco, Premio Nacional de Gastronomía, la cocina se apoya en producto andaluz y técnica al servicio del sabor. El día arranca en el Salón Jardín con dulces de convento de Archidona. Al mediodía, El Mirador ofrece propuestas ligeras junto a la piscina. Por la noche, El Cortijo sirve recetas de fuego, guiso y huerta en clave bistronómica, mientras La Jara, el restaurante más elegante, cuenta Andalucía en clave contemporánea sin perder la base. El Bar La Plaza es el punto de encuentro para un cóctel de aperitivo o sobremesa.

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foto: cortesía de la marca

Las 73 habitaciones y suites están concebidas como una hacienda sureña, con madera, mármol, hierro forjado y una paleta que conecta el blanco del cortijo con los tonos de la tierra. Los baños son generosos, los espacios invitan a deshacer la maleta y dejar atrás el ruido. Varias cuentan con varios cuartos para familias, y todas tienen esa cualidad rara de sentirse como una residencia particular, no como una habitación de hotel. Desde la finca, las ciudades andaluzas quedan a un paso: Granada con su Alhambra en night tour privado, Málaga con sus museos y chiringuitos, Córdoba con su Mezquita en primavera. Entre medias, pueblos como Archidona, Iznájar, Alhama de Granada o Montefrío ofrecen otra Andalucía, la que suele pasar de largo. Y para celebraciones, la Capilla alberga el órgano privado más grande de Europa, los jardines se convierten en escenario de cócteles y el helipuerto puede transformarse en una gran carpa.

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