El susurro de la luz tenue reinventa el otoño y el invierno en el Palacio de Cibeles
Azotea Grupo transforma el restaurante Cornamusa Cibeles en un refugio de velas y música en directo para acompañar las vísperas de Halloween y los festejos navideños.
Las vistas sobre los tejados madrileños adquieren un matiz singular cuando la luz artificial cede su espacio al destello cálido del fuego. En la planta superior del emblemático Palacio de Cibeles, la penumbra habitada por cientos de cirios encendidos altera la percepción habitual del entorno. La ciudad, observada a través de los ventanales de Cornamusa, parece detener sus prisas mientras los reflejos dorados acarician las mesas.

Esta atmósfera envolviente marca el regreso de las llamadas Noches en Vela(s), una iniciativa concebida por Azotea Grupo para dotar de magia a las veladas de la capital. La primera de las convocatorias, bautizada como Alma Misteriosa, rinde culto a la víspera de Halloween el penúltimo día de octubre. Un ambiente cargado de encanto y notas musicales en vivo acompaña la llegada del frío otoñal, convirtiendo el espacio en un escenario íntimo donde la arquitectura histórica cobra una nueva dimensión narrativa.
El viaje sensorial continúa semanas después con la cita Magia de la Navidad, fijada para el ecuador de diciembre. Esta segunda velada celebra la cercanía de las fiestas invernales desde la calidez y el sosiego, lejos del bullicio característico de la Gran Vía. En ambas ocasiones, las acordes instrumentales resonando entre los muros de piedra aportan una cadencia sofisticada que invita a la contemplación y al disfrute compartido.

La vertiente culinaria, ideada por el chef ejecutivo Manuel Berganza, complementa la lírica del entorno con un menú estructurado con meticulosidad. La bienvenida con un aperitivo ligero abre paso a creaciones basadas en el confort vegetal y marino, tales como alcachofas confitadas con beurre blanc, puerro asado trufado o lentejas beluga acompañadas de gamba roja. Cada pase está pensado para enriquecer la experiencia envolvente que guía la jornada.
El hilo conductor del festín alcanza su punto culminante en unos canelones de costilla con salsa de foie, antes de culminar en una combinación golosa de chocolate, avellana y caramelo salado. La cocina de Berganza dialoga así de manera fluida con la suave iluminación del salón, buscando que el paladar acompañe la sofisticación de la banda sonora en directo. La gastronomía se consolida como un lenguaje emotivo capaz de avivar los sentidos.

Reinventar un enclave icónico de Madrid exige una sensibilidad dispuesta a trascender el mero servicio de restauración. Azotea Grupo demuestra cómo la suma de la luz tenue, la acústica en vivo y la alta cocina convierte un monumento en un refugio para la memoria. El Palacio de Cibeles vuelve a afirmarse como el epicentro absoluto del ocio cultural y sofisticado de la capital.